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| Salud | ||
Dr. Eric G. EDELFELT (Col nº: 42.395) |
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Alergia estacional o primaveral |
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Dr. Eric G. EDELFELT (Col nº: 42.395) Médico de Familia. Clínica Villasalud. Villanueva Del Pardillo Médico adjunto. Servicio Medicina Deportiva. Concejalia de Deportes. Ozuelo de Alarcón |
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Normalmente alrededor de un 20% de la población española presenta desde principios del año cuadros de congestión nasal, estornudos y tos, provocados por una reacción de su organismo a ciertas sustancias que se inhalan con el aire inspirado. 1º |
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En nuestro país, debido fundamentalmente al régimen de lluvias y a la variabilidad de temperaturas, las distintas especies de plantas no polinizan todas al mismo tiempo. Esto determina que se puedan establecer calendarios de alergia según tipo de polen, que abarcan desde diciembre/enero (arizónicas) hasta mayo/junio (gramíneas), rebasando generosamente la estación primaveral, englobando parte del invierno hasta iniciado el verano. Pero, ¿qué es realmente la alergia y por qué se produce? Pues bien, la alergia estacional no es más que una respuesta exagerada del sistema inmunológico (defensas del organismo) de determinadas personas al entrar en contacto con sustancias extrañas y a las que normalmente los demás individuos no reaccionan. Estas “sustancias extrañas” son los pólenes de flores de plantas, de algunas hierbas (gramíneas) o de árboles (olivo, falso plátano). Estos granos son invisibles al ojo humano, y son liberados a la atmósfera con un fin reproductor, es decir, llevar las células reproductivas masculinas (que se encuentran en su interior) hasta el aparato reproductor femenino; una vez en el aire, el polen viaja a merced del viento. Sistema inmunológico. El cuerpo humano cuenta con un sistema capaz de, en primer lugar, detectar sustancias extrañas al propio organismo (lo que lleva implícito el reconocimiento de lo propio), y, en segundo lugar, desencadenar una serie de reacciones que conduzcan a su neutralización y eliminación: es el sistema inmunológico. Cuenta a su vez con dos vías de actuación: una humoral formada por las inmunoglobulinas y otra celular constituida por linfocitos T y B, los cuales, pueden actuar por separado, pero en la mayoría de los casos lo hacen conjuntamente, colaborando entre sí. Si esto se produce en condiciones normales, ¿qué pasa con las personas alérgicas? Mecanismo de producción de la alergia y sus síntomas. En personas genéticamente predispuestas, cuando la sustancia extraña (polen) es inhalada y entra en contacto con las células del aparato respiratorio y posteriormente con las células del sistema inmunológico (linfocitos T y B), se desencadena una cascada de reacciones celulares y químicas que originan la inflamación del epitelio respiratorio, dando lugar así a los síntomas de alergia. La reacción inflamatoria producida por los mediadores celulares da lugar a un aumento de la permeabilidad vascular, un incremento de la secreción glandular y una estimulación de las fibras nerviosas del epitelio, siendo esto la base fisiopatológica de la conjuntivitis y el lagrimeo, del picor de ojos y nariz, y de la destilación nasal y los estornudos. La edad de comienzo suele ser la infancia y la adolescencia, aunque pueden producirse inicios tardíos en la edad adulta. Normalmente tiende a persistir de forma indefinida, aunque la severidad del cuadro vendrá determinada por la cantidad de polen en la atmósfera que se registre cada año. En la quinta y sexta décadas de la vida, pueden experimentarse lentas remisiones de la sintomatología. Diagnóstico. Para llegar al diagnóstico de una alergia estacional, muchas veces basta con una buena historia clínica, incidiendo sobre síntomas relacionados con calendario de polinización, además de una exploración física adecuada. Para el diagnóstico alergológico específico (es decir conocer a qué tipo de polen existe alergia) se cuenta con dos técnicas: las pruebas cutáneas o pricktest, que inoculan pequeñas cantidades de alergeno en la piel para determinar el grado de reacción del sistema inmunológico a una determinada sustancia; y, mediante la cuantificación de inmunoglobulinas del tipo E específicas en sangre. Tratamiento. Una vez realizado el diagnóstico, es conveniente prescribir el tratamiento más adecuado a cada paciente; para ello, además de educar al paciente para que evite en lo posible entrar en contacto con el polen o que sea a la menor concentración posible (cerrar ventanas los días de gran concentración de polen en el aire, utilizar filtros antipolen en aparatos de aire, evitar viajes a zonas en épocas de polinosis, etc.) intentaremos ajustar la medicación y las dosis a cada caso concreto. Las opciones de tratamiento son dos: tratamiento sintomático y tratamiento mediante inmunoterapia. El primero no cura pero está enfocado a aliviar los síntomas molestos de la alergia: descongestionantes nasales, antihistamínicos y corticoides suelen ser suficientes para mejorar la tos y los estornudos, el picor, la congestión y la destilación nasal. La inmunoterapia, por el contrario, es el único tratamiento que se dirige a la causa y a la evolución de la alergia, y consiste en la administración subcutánea de dosis gradualmente crecientes de un extracto alergénico durante la época preestacional (antes de la primavera) o coestacional (durante todo el año) frente al que el paciente está sensibilizado, con el fin de mejorar los síntomas asociados a la exposición. A pesar de ser un cuadro molesto, la alergia al polen no es un proceso grave; sin embargo, entre un 15 y un 30 por ciento pueden llegar a desarrollar un cuadro de asma asociado. En estos casos, es urgente la valoración médica y la prescripción de tratamiento específico. |
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