Salud
Última actualización 23/10/2008@21:51:24 GMT+1
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Os medios de comunicación nos gritan: “¡Guerra contra el cáncer!” “¡La nueva vacuna de la gripe aumenta nuestro arsenal terapeútico!” “¡Preocupación por el avance del Sida!”, y al mismo tiempo nos repiten: “gracias al sistema sanitario la esperanza de vida no deja de crecer”, “sí, es verdad que el cáncer se extiende como una epidemia, pero ¡ya somos capaces de curar al 50% de los afectados!”. A su vez, los gobiernos nos recalcan machaconamente: “Confíen en nosotros, somos gente seria y responsable, su salud y su hacienda están en buenas manos”.
Y desgraciadamente, la mayor parte de la población se lo cree. ¿No sería mejor, dejar de hacer “la guerra” contra las enfermedades y comenzar a comprenderlas? Hay un sinfín de campañas de prevención de ciertas enfermedades, ¿Cómo voy a prevenir lo que no conozco ni comprendo? ¿Cómo voy a confiar en un estado paternalista que tergiversa las estadísticas con fines electorales entre otros? ¿Por qué tengo que delegar en ellos mi salud? La mayor parte de las enfermedades crónicas son: o “idiopáticas” –de origen desconocido-, o “iatrogénicas” –creadas por los efectos perniciosos de los medicamentos-, o “propias de nuestra civilización” –o sea, las producidas por nuestra propia autocontaminación: pesticidas en la comida, dioxinas en el aire, de todo en el agua...-
En la medicina natural se conoce bien el origen de un gran número de enfermedades, y en última instancia somos nosotros mismos los que las generamos, y es precisamente por eso por lo que también somos nosotros los únicos que nos podemos realmente curar –lo cual no implica despreciar ninguna ayuda por sintomática que sea-. Yo he tenido en más de una ocasión el privilegio de ser testigo de cómo una persona cuando aumenta su consciencia cambia su actitud de vida y comienza a restaurar la salud perdida hasta la definitiva curación.
La medicina tibetana nos dice: “Hay en esencia tres causas de las enfermedades: la ignorancia, el apego y la ira, aunque las dos últimas están incluidas en la primera». Así lo aseveran también la Medicina Tradicional China, la Ayurveda, y el mismo Hipócrates de Cos –reconocido como padre de la Medicina occidental. Así pues, enfermamos por ignorancia espiritual. ¿Qué ignoramos? Sobre todo que somos un Ser espiritual, que hemos encarnado aquí para realizar una serie de aprendizajes que sólo desde la experiencia con el contacto íntimo con la materia podemos alcanzar. No somos un cuerpo, tenemos un cuerpo. No somos una personalidad con su ego, clase social, cultura y poder adquisitivo, tenemos una personalidad que ha de estar al servicio de nuestra esencia humana y no al revés.
Ignoramos que somos una minúscula célula que pertenece al gran tejido de la humanidad, por lo que compartimos un mismo origen y destino. Y sobre todo, ignoramos que todo lo creado tiene un propósito, por desconocido que nos pueda resultar.
¿Por qué las personas muy descalcificadas con huesos muy frágiles suelen tener una pésima autoestima y/o desvinculación con sus ancestros? ¿Por qué muchos tumores están relacionados con grandes traumas emocionales? ¿Por qué aquella enfermedad se presentó justo después de haber salido de una etapa muy dura? ¿Por qué vivo una relación de amor–odio con mi pareja, similar a la ya vivida con uno de mis padres? ¿Por qué tuve un herpes justo después de una fuerte discusión?, ¿Por qué confundo el amor con el apego, y encarcelo junto a mí a las personas que más quiero? ¿Por qué entro en depresión cuando me rechazan? ¿Tendrá que ver con ser un hijo no deseado? ¿Por qué los niños pequeños se orinan en la cama cuando tienen miedo?
A la salud sólo se accede cuando uno mismo toma la responsabilidad de la propia vida. Parafraseando a la Dra. canadiense Ghislaine Saint-Pierre Lanctot, autora del Best Seller “La mafia médica”, “no somos corderos que necesitemos de un pastor –el estado-, para que nos proteja del lobo –las enfermedades-“.
Nosotros mismos somos capaces de verdaderos milagros, y las pocas personas que lo conocen y aplican lo saben porque lo han vivido. Hay un verdadero abismo entre la grandeza de nuestro Ser y el cordero que creemos ser. Nuestros miedos gregarios nos hacen permanecer “donde todos, y confiando en el buen pastor”. Pero todos sentimos y sabemos, que no se nos está diciendo toda la verdad.
Un padre y su hijo tras años de separación y mutuo odio, enfermaron con un tumor prostático de pésimo pronóstico. El padre tomó la decisión de hacer las paces con su hijo antes de su inminente muerte. Lo intentó y verdaderamente consiguió limpiar ese insoportable dolor que llevaba en su corazón. Pero el hijo no pudo y siguió instalado en el rencor y el odio. No se sabe porqué, unos meses después, el tumor del padre desapareció, pero su hijo sufrió una rápida metástasis y murió. ¿Casualidad?
Rafael de Mora Sánchez
Licenciado en Medicina Tradicional China,
Diplomado en Naturopatía, Homeopatía,
Sintergética (Dr. Jorge Carvajal), Kinesiología
Holistica, Auriculomedicina y Shiatsu
Namikoshi. Certificado en Reflexokinesia.
Otras formaciones: Terapia Floral, Medicina Ortomolecular, Método Kousmine
y Técnica Metamórfica.
Tf: 656199263
rafaeldemora@yahoo.es