Deportes
Por
Juan Francisco Calero
Última actualización 24/10/2008@19:11:10 GMT+1
Ya pasó el síndrome postvacacional, ya nos hemos habituado a las manías de los compañeros de trabajo y los pequeños tics que conforman la rutina ni los notamos. Por las mañanas refresca, el café de la esquina sabe tan rico como el otoño pasado y el telediario no ha roto su contrato con la ración de malas noticias (faltaba la crisis, prefiero apagar la tele).
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Pero hay una tradición que alegra el domingo a miles de personas; a los que vuelven a casa sumergidos en un kilométrico atasco, a los quinielistas, a los que la hipoteca encierra en casa y no les queda otra que buscar el ocio en casa... Es la Liga, que con crisis o sin crisis no falla. Una vez pasadas las primeras jornadas, en las que aún se tiene la sensación de estar arrancando (como si los futbolistas y el resto de mortales nos echáramos un cable en esa transición invisible pero notable entre el varano y lo que está por venir), ya podemos hacer alguna reflexión.
Primero, que si el Barcelona juega la mitad de bien que lo hizo contra el Atlético de Madrid (6-1, 3-0 en el minuto ocho) ganará el título sin despeinarse. Cuenta con un extraterrestre de apellido Messi y varios marcianos, a saber: Xabi, Iniesta, Etoo o Alves. Parece que el bueno de Guardiola les ha tomado el pulso. El catalán tiene tanto carácter como fútbol atesoraban sus botas, se ha quitado de en medio a Ronaldinho y ha hecho las paces con Etoo. Pep es un cerebro que esperemos no se desmorone cuando vengan mal dadas en ese hervidero en el que de cuando en cuando se convierte la casa blaugrana.
Segundo, que al Madrid le falta postín en una plantilla llena de buenos futbolistas, algunos muy buenos y varías medianías que empañan la consigna oficial del club merengue: ganarlo todo. Difícil va a ser ganar algo, si no al tiempo. El equipo tiene frescura, y Schuster tiene mano con el jugador y ambición; también a veces malos modos, pero me da buena espina, parece buen tipo. Sin embargo, el Madrid ya no pasea triunfal por Europa, donde los ingleses se han hecho con las riendas de la Champions, y las dos últimas ligas parecen más un regalo de los culés; hastiados, saciados de títulos. Tampoco tienen un buen presidente. Calderón tendrá cosas buenas, pero genera grietas demasiado profundas en el ideario histórico del equipo que los buenos aficionados no tolerarán durante mucho tiempo.
Tercero, que equipos que otras temporadas daban guerra, este año se postulan al título. El Atlético, capaz de lo mejor y lo peor (es tópico decirlo, pero es así); el Villarreal, al que da gusto ver jugar con esa imagen saneada y entusiasta, ha sabido hacer bien las cosas y la discreción de Pellegrini le avala; el Valencia, sobre el que decir que después de la tormenta siempre viene la calma bastaría para explicar el calvario que ha atravesado, ahora que por fin respiran puede que vuelvan por sus fueros; el Sevilla, quizá un escalón por debajo pero competitivo, aunque aún está en esa franja en la que el pez grande, que siempre se come al chico, le hace la pascua cada verano. La milagrosa capacidad de regeneración que hizo famoso a su director deportivo, el ex jugador del Pizjuán Monchi, parece estar agotándose, le han pillado el truco.
Por la parte media queda la sensación de que cualquiera podrá acceder a la devaluada y agotadora UEFA (si es con Intertoto la cosa se vuelve de locos), así como bajar a segunda. Que se lo pregunten a la Real Sociedad o al que se postulaba como Super Zaragoza la pasada campaña.
Esta Liga tendrá sus equipos revelaciones, sus batacazos, sus lesionados de gravedad, sus golazos, el drama del descenso a segunda, la gloria del éxito, lágrimas y sonrisas, declaraciones explosivas, salidas de tono, suspensiones por nevada (recuerden que el Numancia ha vuelto a primera), destituciones, relevos inútiles, desplantes, retiradas y niños que se mezclarán con adultos temerosos aún de partirse una pierna. Hoy cosas que nunca cambian. El fútbol, un viejo de más de cien años, no está para sustos. Que así sea.