Revista de variedades de la Sierra Noroeste de Madrid    
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Infancia

Por Pelancha Gómez Olazabal, Directora Escuela Infantil Jauja.

Por Pelancha Gómez Olazábal
Última actualización 30/03/2009@21:49:57 GMT+1
Vamos a hablar de los sentimientos de celos producidos en el niño cuando decidimos ampliar la familia con un nuevo hijo.

Cuando ya sabemos que “está en camino” hay que preparar al niño para recibir el acontecimiento que va a producirse.
Vamos a hablar de los sentimientos de celos producidos en el niño cuando decidimos ampliar la familia con un nuevo hijo.

Cuando ya sabemos que “está en camino” hay que preparar al niño para recibir el acontecimiento que va a producirse. Es erróneo pensar que el niño es demasiado pequeño como para entender tales cosas o bien pensar que para qué preocuparle antes de lo necesario, es decir, antes de que se produzca la llegada del bebé. Se le debe de comunicar a él personalmente pues ellos son agudos observadores y a menudo notan los cambios físicos que se producen en el cuerpo de la madre. También sabemos que los niños escuchan las conversaciones de los adultos aunque aparentemente no presten atención, por ello si no les compartimos la noticia ellos pensarán que es “algo” negativo. También el niño nota los cambios en la actitud de la madre, los altibajos de humor, el cansancio acompañado de algún trastorno físico, sobre todo en los primeros meses, la necesidad de reposo en muchas madres... El niño piensa que le han dejado de querer y algo terrible va a ocurrir en su vida. Por eso hay que hablarle claramente al niño para que no sea él el que se tenga que contestar sus propias dudas y fantasías, que, a menudo, le dan más miedo que el que sentiría si supiera la verdad, si pudiera hablar de lo que ocurre, si pudiera sentirse ayudado y tranquilizado por sus padres las veces que lo necesite.

Una vez dada la noticia, no se volverá a insistir hasta que el niño pregunte y hay que responderle tantas veces le interese hablar del tema. Para un niño, nueve meses es un tiempo larguísimo y ellos no tienen interiorizada el concepto temporal y creen que todo va a ocurrir “ya”. Se le puede decir: “dentro de mucho tiempo vas a tener un hermano”, para que no crea que es inmediato.

No es recomendable decirle que va a tener un hermano con el que podrá jugar, pues se sentirá muy decepcionado al comprobar que no es verdad, por lo menos en un largo período. Es mejor decirle que los padres quieren tener mas hijos aunque a él le quieren mucho y además, cuando el bebé crezca, podrá jugar con él.

Antes y después de la llegada del bebé, el niño podrá tener regresiones y conductas infantiles ya abandonadas, provocadas por su deseo de ser él el bebé.

Bastante antes de que llegue el hermanito, debemos de realizar los cambios como el ingreso en la escuela infantil, el cambio a la cama, el quitarle el chupete, cambiarle de habitación, etc. para que el niño no asocie el cambio con la llegada de su hermano. Procurad que haya los menos cambios posibles durante un tiempo después del nacimiento.

Todos los niños sienten celos hacia el recién nacido, pero cada uno lo manifiesta de diferente manera y muchos tratan de ocultarlo. Hay algunos que tratan de ignorarlo y no quieren ni siquiera hablar del pequeño, volcando sus sentimientos de hostilidad hacia su madre con la que tienen un comportamiento muy provocador y de oposición o desprecio, o estos celos pueden surgir en la escuela infantil agrediendo a los niños, sobre todo a los más pequeños.

Otra forma de expresar los celos es la de volver esa hostilidad que vierte en los demás hacia sí mismo. Es cuando dejan de interesarles los acontecimientos familiares, falta de participación y entusiasmo en los juegos, deseos de estar solos, apatía, falta de apetito, problemas con el sueño. A estos niños se les debe de prestar mucha atención pues no manifiestan abiertamente sus celos y los adultos pueden no darse cuenta pues pasan desapercibidos.

Otros niños procuran colaborar y ayudar lo más posible en las tareas hacia el niño pues es esta una manera de asegurarse el amor de su madre, saben que a ésta le gustará este comportamiento y así ella seguirá queriéndole.

Pienso que no es muy saludable obligar al niño a demostrar unos sentimientos de amor que no siente y frecuentemente le decimos que le dé besitos y caricias. Esta actitud cariñosa y solícita hacia el bebé sólo disfraza los celos que sienten. Hay que dejar que sea él el que poco a poco se acerque al bebé y no le vea como un competidor por el amor de sus padres. El niño se siente muy culpable de tener esos sentimientos agresivos hacia su hermanito pues piensa que solo él los tiene y se ve como un “monstruo” capaz de tales sentimientos.

En esta etapa aparecen todo tipo de dificultades: de noche, el niño puede dormir mal e incluso tener pesadillas, puede tener problemas con la alimentación o empezar a no controlar esfínteres cuando ya no usa pañal, empieza a pedir chupete “como su hermanito”, hablar de una forma aniñada cuando ya habla con fluidez es un comportamiento regresivo, es decir, volver a un estado anterior de su evolución, pues piensa que siendo bebé, le harán el mismo caso que a éste.

Hay que tener en cuenta que el niño gozaba hasta ese momento de la atención y cariño exclusivo de sus padres. No nos sorprenderá que reaccione de esta manera tan violenta cuando su idílica situación se ve interrumpida por la llegada de un nuevo hermano. De pronto, se ve obligado a compartir todo, cuando él esta todavía en una etapa egocéntrica y le resulta casi imposible tener el comportamiento que le exigimos.

Hay que permitirle que a veces siga siendo un bebé y, al mismo tiempo estimularlo a abandonar algunas de sus demandas y conductas regresivas para que de esta manera, vaya haciéndose mas independiente y maduro. Hay que aplaudirle mucho sus logros y progresos y demostrarle todas las ventajas por ser mayor que su hermano. También puede ser útil que los padres le recuerden y le enseñen fotografías de cuando él era pequeño, que le bañaban, le daban de comer como ahora hacen con su hermano y alentar que el bebé es de toda la familia y que le debemos de cuidar entre todos.

Esta época es pasajera siempre que los padres no hagan difícil esta situación regañándole excesivamente por la demostración de sus sentimientos. Hay que mantener una postura comprensible y tolerante, dejando muy claros los límites y normas de convivencia. “Yo entiendo lo que te pasa, te quiero mucho, pero no permito este comportamiento incorrecto que estás teniendo”.Nunca se le debe de amenazar con quitarle el cariño pues es precisamente lo que teme y por lo que se comporta de esta manera.

El tener un hermanito le enseña a compartir y comprobar que no es remplazado en el afecto de sus padres. Al aprender a compartir este afecto, aprende la necesidad de compartir todo lo demás. Esto es un enorme paso adelante hacia la madurez e implica que el niño comienza a abandonar el espíritu posesivo de la infancia. Cuando el bebé vaya creciendo, el niño encontrará una recompensa en la camaradería que se desarrolla entre él y su hermano menor. En realidad, los hijos únicos deben pagar un alto precio por su relación exclusiva con sus padres. Los celos y la envidia que le provocan esta relación de sus padres, se diluye al tener otros hermanos con los cuales intercambiar estos sentimientos.
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