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La ira.
Rafael de Mora Sánchez
Última actualización :: 31/03/2009 @ 22:12:56 (GMT+1)
Cuántas veces soñé con despedazar a mis enemigos? ¿Cuántas veces deseé ajustar las cuentas pendientes? ¿Cuántas veces la injusticia me llenó de odio y sed de venganza? ¿Cuántas veces, a lo largo del día me muestro agresivo de forma gratuita? ¿Con cuánta frecuencia tengo pesadillas violentas? ¿Te has parado a pensar cuántos pensamientos iracundos merodean por tu cabeza a lo largo de tan sólo un día?
Desgraciadamente, en la sociedad actual es la emoción más frecuente. Nos comportamos como bestias iracundas que malviven en una jungla de competitividad y envidias, donde dejamos de ser hermanos para convertirnos en competidores.
¿Qué es la Ira? Según la ancestral sabiduría Taoísta, es la emoción que reina en el conocido como “Elemento Madera”. Es el segundo de los cinco movimientos propios del sistema Taoísta (Wu Xing). La conciencia del elemento Madera está relacionada con el movimiento expansivo en todas las direcciones, como se muestra en el reino vegetal. Su época del año es la primavera, momento en el cual la vida renace y explota en todas direcciones. También está relacionada con la niñez. Los niños, al igual que las plantas, van en todas las direcciones permitidas intentando colonizar el mayor espacio posible.
En nuestro cuerpo, se relaciona con el Hígado y la Vesícula Biliar, siendo la Ira la primera emoción causante de patologías hepáticas. También genera mucha patología a distancia que, frecuentemente, no se asocia con este sistema, como ocurre con el glaucoma, diferentes tipos de infartos y la mayor parte de las patologías relacionadas con el retorno venoso, además de no pocas intolerancias alimentarias y alergias varias.
En Medicina Tradicional China, la Ira es un término que aglutina todas las modalidades de agresividad, como el mal humor, la intolerancia o el enfado.
La agresividad o ira, no es más que otra emoción propia de nuestra naturaleza. No se trata de negarla, sino de conocerla en profundidad para poderla aceptar con todas sus bendiciones. ¿Puede haber algo positivo en la agresividad? Por supuesto que sí. Esta no es solamente una emoción animal e incontrolada que frecuentemente nos desborda; es mucho más. Está fuertemente vinculada con la frustración y la injusticia. Por ese motivo cuando vivimos estas circunstancias, la ira nos invade. Una de sus características fundamentales es que nos llena de energía y valor. Indudablemente, ambos son necesarios para luchar por la justicia y por nuestros valores, y absolutamente cruciales para exigir respeto por el Ser que somos más allá de las apariencias sociales. Esa labor titánica de lucha por la propia y auténtica identidad sólo puede hacerse desde un estado que también es conocido como “La Ira Santa”. Este representa un fractal de consciencia muy elevado, que es fácil de reconocer en las grandes personalidades. No se muestra como agresividad animal, sino como una extraordinaria fuerza que te ayuda a cumplir con tu misión de vida, que te protege ante las contingencias y adversidades, que te llena la mente de claridad de propósito y de brillantez en las formas y medios.
Es contactar con una fuerza infinita que te impulsa directo hacia tu propio destino, sin que haya un solo obstáculo lo suficientemente fuerte como para detenerte. Es el inconmensurable poder del renacer de la vida lo que te empuja, un viento indescriptible que te lleva hacia tu propia esencia como Ser Humano.
En los niños es fácil observar frecuentes rabietas, que en gran parte se corresponden a su necesidad de autoafirmación. De igual manera, los adultos necesitamos también autoafirmar nuestra esencia única e individual. Así pues, la Ira en ocasiones se convierte en un vehículo imprescindible en la reivindicación de un espacio que nos afirma en nuestra Identidad.
Ya... y si estoy iracundo, ¿qué hago? Buscar en tú interior para saber de dónde viene tu ira.
Si proviene de sentirte frustrado, castrado, alienado, agredido en los valores propios del Ser Humano que eres -libertad, respeto, dignidad, amor, autenticidad, etc.- entonces has de amasar toda la energía que la ira te da para convertirla en Ira Santa, y así ponerla en la dirección más adecuada para luchar por tu identidad, no sólo con fuerza, sino también con creatividad e inteligencia. Si, por el contrario, tu ira nace de la competitividad, debes abandonarla al instante y aceptar la ganancia o pérdida de la transacción como algo natural –quien apuesta puede ganar o perder-. Y hacerlo con deportividad. Si no eres capaz de dar ese paso, desciendes bruscamente a la conciencia animal, y ahí sólo impera la ley del más fuerte y sea cual sea el resultado de la pelea, siempre pierdes, porque te deshumanizas alejándote de tu naturaleza espiritual, lo que te lleva por el sendero del odio y del desamor. De igual forma se abre la puerta de un sin número de enfermedades somáticas.
La Ira Santa nace como la primavera: para que renazcamos a la autenticidad y florezcamos al propósito de nuestra vida. La espiritualidad no está en el Cielo, está aquí y ahora en la Tierra, en nosotros y sobre todo en nuestros actos. En última instancia, soy yo el único responsable de mi estado emocional. Dejemos ya de culpabilizar siempre a los demás. Así pues, ¿estoy dispuesto a sublimar el pesado plomo de la ira en sutil oro de conciencia?




